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Mi familia del norte.

Me pareció una mierda. Un diseñador muy fino y muy sofisticado se encuentra-reencuentra con su familia de provincias, que, aunque hablen raro, son en el fondo, muy buenas personas y le dan una lección sobre la vida. Es decir, mi paisano Paco Martínez Soria versión francesa siglo XXI. Lo de siempre: “Qué envidia nos tienen en todo Madrid, ellos no son tan nobles, tan burros y pobres como los de aquí”, cantaban los de la Bullonera.


Supongo que en versión original, la peli hubiera tenido algo de interés. Se supone que la gracia está en que los de la familia del norte hablan en picardo, uno de los dialectos de las lenguas d’oïl. Ellos lo llaman algo así como “chti”. Ya se sabe que las lenguas o dialectos patois tienden a denominarse con nombres locales (fabla o bable) para ser menos, para no asustar. Y claro, a los parisinos (y se supone que al espectador) eso les hace mucha risa. En los cines del Puerto de Sagunto, la cosa venía doblada al español y todo era absurdo. Al menos, podrían hab…
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Crematorio.

Había llegado el momento de leer y disfrutar “Crematorio” (2007), la novela que dio celebridad y varios premios a Rafael Chirbes. Miguel, de la Librería Primado, me lo recomendó. Leí con asombro y placer las dos obras maestras que publicaría después: “En la orilla” (2013) y la póstuma “París-Austerlitz” (2016).


“Crematorio” ha pasado por ser la novela del boom inmobiliario, de la corrupción, del hormigón en la costa. De hecho, dio lugar a una serie de 8 capítulos sobre el tema. Sin embargo, creo que el autor valenciano no quería hacer una novela que reflejara ese tiempo social concreto. “Crematorio” es una novela mucho más rica y compleja que eso. Pero una cosa es lo que el artista quiere crear, y otra cosa es en qué clase de símbolo devendrá su obra. Llamazares quiso escribir sobre la soledad y “La lluvia amarilla” se convirtió en el gran poema de la despoblación de la montaña. 

El protagonista de “Crematorio” es Rubén Bertomeu. El viejo arquitecto y promotor inmobiliario que, desde un…

Buenismos. "La tribu", "Campeones"

El DRAE recogió en el 2017 la voz "Buenismo". Ese hacer y pensar lo que se supone que es lo correcto y que se manifiesta a través de la solidaridad y la tolerancia y que a veces peca de cierta ingenuidad,  de no calcular las consecuencias a largo plazo de las acciones. El buenismo estaría relacionado con una visión más femenina, más humana de la sociedad y de sus problemas. Sería la versión actualizada de los viejos anhelos de fraternidad entre géneros y entre razas que se expresaron a través de ideologías varias en los convulsos XIX y XX. Es la parte buena del ser humano, que, para progresar, tiene que olvidar de vez en cuando que el infierno está empedrado de buenas intenciones. A principios de abril fuimos a un concierto del Coro Alameda,  a beneficio de Valencia Acoge y vivimos esa sensación de que juntos se pueden hacer mejor las cosas.Esa visión que a tantos hombres nos produce simpatía a veces, y a veces vértigo. Viendo a qué clase de gente pone nerviosa ese buenismo,…

Libros en Pascua.

Rebusco en la biblioteca de Antonio, en cuya casa pasamos, como es habitual, estas vacaciones. He tenido tres de sus libros en la mesilla de noche.

El primero ha sido “El socialfelipismo. La democracia detenida” (1991), un ensayo de Francisco Umbral. No he leído mucho de él. De hecho, las únicas dos reseñas en el blog:  esta,  y esta otra, no son mías. 

La escritura de Umbral era hermosa e imaginativa, fácil de leer y de entender. Sus adjetivos parecen pensados profunda, cuidadosamente para nadar y guardar la ropa. Supongo que era un superviviente, como tantos otros. Y sabía que tenía que luchar por cada halago o por cada mendrugo que le echaran. Le podrían haber dado el Nobel en el turno del español. 

En “El socialfelipismo” hace un retrato del poder y los poderosos en la tercera legislatura de Felipe González (1989-1993), cuando empezó la desilusión, el cansancio y la asunción de que todo había quedado atado y bien atado. Muchos de los nombres que cita suenan hoy como a historia natura…

Sin rodeos

El mundo está lleno de genios con un gran futuro a sus espaldas. Gentes que tuvieron talento y que no hicieron nada con él. Los mejores del equipo de fútbol juvenil. Que ahora son diletantes, expertos en todo, especialistas en nada. Gentes que acaban escribiendo blogs y abusando de los adjetivos y del alcohol.



Y luego están los que perseveran. Los pocos afortunados que encontraron su vocación. Y aunque eran bajitos, lentos, feos y con voz gangosa, perseveraron en ella. Se la jugaron. Y aprendieron el oficio. Ahora juegan en un equipete de segunda; pero se dedican a lo que les gusta. Y algún domingo bueno, la grada les aplaude.

Santiago Segura es de la segunda clase. El tipo quería hacer cine y ser famosete y lo consiguió. No es un genio del humor, ni cambiará la historia de la literatura con los relatos porno que escribió para ir tirando; pero va haciendo sus cosas, sin descanso, como una hormiguita fea y calva. Y a la gente nos hace gracia lo que hace.

“Sin rodeos” es una comedia suavec…